Jaime Hayon

Osadía mediterránea

28/10/2019 · Por Rocío Navarro
jaime hayon diseño apertura
El diseñador madrileño en el carrusel que diseñó para Swarovski. © Cortesía de Jaime Hayon

Jaime Hayon ha demostrado que se le puede dar emoción a la funcionalidad y que la porcelana tiene una segunda lectura. Su universo encuentra en la imaginación su recurso más poderoso. Por algo es el creador más influyente de una generación. Hablamos con él sobre cómo se conquista un territorio con el que pocos se atreven: diseños lúdicos que invitan a soltar una sonrisa.

La revista Times lo nombró como uno de los 100 creadores más relevantes de nuestro tiempo y hasta en ocho ocasiones el trabajo de Jaime Hayon (Madrid, 1974) ha sido reconocido por la biblia del diseño, Wallpaper. El último galardón lo recibía este mismo año por la lámpara Lightolight que ha creado para Parachilna. Sin duda, es el más influyente de una generación que ha abierto un diálogo entre el arte, la decoración y el diseño. Lo demuestra en su propio universo, pero también en colaboraciones con marcas de todo tipo. Lladró, Baccarat, Cassina, Fritz Hansen y Swarovski son algunas las firmas que han sucumbido al ingenio de Hayon. Además, se ha esforzado para que la fantasía tenga un papel dominante en su obra: “Llegamos al mundo con la imaginación muy activa y, por algún motivo, nos dedicamos a alejarnos de esa cualidad tan maravillosa”. Su narrativa lúdica sienta igual de bien a interiores de hoteles, galerías o restaurantes que a instalaciones artísticas. De hecho, la emoción y el humor que desprende todo lo que toca ha colocado sus piezas en las colecciones permanentes de museos como el Centre Pompidou, cuya cafetería lleva su firma desde el pasado mes de septiembre.

Por la variedad de tu trabajo parece que no hay proyecto que se te resista. ¿Cómo consigues ver siempre una oportunidad? 
El reto es mi motivación principal. Asomarse a ventanas nuevas y poder explorar a través de estas es algo que me maravilla y me mantiene conectado conmigo mismo. Los desafíos y los universos desconocidos son mi máxima atracción. Probando es como he aprendido todo lo que sé hacer. A lo único a lo que le temo es al aburrimiento. Por lo demás, las oportunidades de conocer y aprender son las llamas que me mantienen activo.

Tus diseños desprenden vitalidad y mucha positividad, ¿es algo que va unido a tu carácter?
Tendrá que ser así, ya que no consigo hacer otra cosa. Intento comunicar mi manera de ver los mundos que nos rodean. Tanto aquellos pequeños guiños que nos encontramos en la cotidianidad —los que nos hacen sonreír—, como la imaginación sin complejos.

En alguna ocasión has comentado que el diseño no es solo funcionalidad, algo que demuestran tus creaciones para Fritz Hansen. ¿Cómo consigues convencerles de introducir la emoción en su filosofía escandinava?
Me interesa aquello que va más allá del diseño, sin dejar de considerar todo lo que el diseño nos aporta. La calidad, los materiales, las técnicas… Son imprescindibles, pero la deferencia entre una silla y ser abrazado por un oso es la conexión que, a veces, es capaz de proponer el diseño. Además de solucionar necesidades concretas, apuesta por aportar emociones e historias. Ese es el diseño que me mueve y el espacio donde encuentro la oportunidad de expresarse y conectar. Con Fritz Hansen hemos desarrollado muchas colecciones a lo largo de estos años y he aprendido muchísimo acerca del confort y de destreza técnica y artesanal. También sobre ponderación y paciencia. A su vez, ellos han aprendido a soltarse un poco más y se han atrevido con propuestas que jamás hubieran salido de su tradición cultural de diseño. La mezcla entre la tradición escandinava y la osadía y gestualidad mediterránea ha dado resultados muy interesantes y de los cuales estoy muy contento.

“La diferencia entre una silla y ser abrazado por un oso es la conexión que es capaz de proponer el diseño" 

Así es como consigues darle la vuelta a lo cotidiano para crear cosas extraordinarias. ¿Esto es algo que te acompaña desde siempre o has ido descubriendo a lo largo de tu carrera? 
Antes lo llamaba “tercer ojo”, pero nunca sabía si se entendía bien el concepto sin sonar pretencioso. Me resultaba muy figurativa la descripción, ya que imaginaba una cabeza con tres ojos; dos dedicados a ver lo que tenemos en frente y el otro, libre y aventurero, dedicado a pensar en cómo podría ser esa realidad. La imaginación y la fantasía han estado siempre presentes en mí, es algo que no puedo contener porque realmente veo así el entorno. Encuentro constantemente propuestas de expresión en el más anónimo de los objetos. Las máscaras y los tótems han existido desde siempre. ¿Son objetos? Sí, pero mucho más que solo eso. 

En una ponencia en la Universidad de Michigan comentabas que cuando comenzaste tu carrera el panorama del diseño era aburrido. ¿Ha cambiado en algo la situación?
Mucho. Incluso nos hemos pasado y le hemos exigido al diseño el ritmo de la moda. Todo ha cambiado desde hace 20 años. La era actual de la comunicación ha transformado las reglas del juego y lo que somos capaces de experimentar. El diseño ha tenido más o menos aciertos, pero se ha dinamizado el panorama y las disciplinas se cruzan cada vez más. Siempre me quejaba de las categorías: “¿Es diseño? ¿Es arte?”. En el fondo, ¿qué importa? Lo fundamental es que nos funcione y nos emocione.  

Cuentas que empezaste trabajando la cerámica porque era barata. Ahora sigues diseñándola. ¿Qué encuentras de fascinante en ella?
Empecé experimentando en Italia con un fabricante muy simpático (Bosa) que me permitía realizar todas mis locuras en su taller. Esas locuras acabaron expuestas en una prestigiosa galería de Londres vendiéndose a coleccionistas. El año que viene se cumplirán 20 años desde que empezamos a colaborar y, juntos, hemos realizado una cantidad de experimentos que han servido de plataforma para desarrollar muchísimas ideas, desde donde han nacido infinitas historias. En paralelo, han surgido oportunidades de explorar la cerámica desde otras tradiciones y culturas. Realicé una colección con una empresa de larguísima tradición en Japón, varias con Lladró, que se dedica a la herencia más figurativa y en porcelana, exploraciones con terracota… La tierra cocida siempre me ha acompañado. He aprendido y crecido mucho con ella.

La vanguardia está presente en tu obra, pero ¿qué importancia tiene el trabajo artesanal en ella?  
La artesanía es el fundamento cultural del trabajo. Es el elemento humano que retrata la manera de hacer particular a cada sector o empresa. Es allí donde se encuentran las tradiciones y la historia. Busco conocer y aprender de ella para poder acompañarla en su camino hacia la relevancia y valor en la contemporaneidad.

Desde hace unos años una de tus sedes está en Valencia. ¿Cómo recibiste la noticia de que será Capital Internacional del Diseño en 2022?
Valencia es una ciudad maravillosa. Vivo aquí desde hace años y me parece un lugar excepcional. Los organizadores de la nominación me contactaron a lo largo del proceso y he sido activo en defender la candidatura. Traigo a mis clientes de todo el mundo a la ciudad y siempre se marchan encantados de conocer un sitio tan especial. Tiene calor, calidad, tradición, imaginación, historia e innovación. ¿Qué mejor para promover el diseño?