Hemper

La aventura sostenible y responsable de Gloria Gubianas
25/09/2019 · Por Rocío Navarro
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Las mochilas de Hemper son fabricadas por una comunidad del barrio de Budhanilkantha, Katmandú. © Hemper

Gloria Gubianas ha demostrado que se puede ganar dinero mientras se genera riqueza en una comunidad desfavorecida. Con ella hablamos sobre Hemper —la marca de bolsos sostenibles que la ha convertido en la Mujer Emprendedora de 2019— y de su poder como agente de transformación social.

Esta firma de bolsos y mochilas está inevitablemente vinculada a la industria de la moda. Sin embargo, Gloria insiste en que su concepto trasciende más allá. “Transmitimos un estilo de vida, la historia de Nepal y la del cáñamo”, material todopoderoso sobre el que se sostiene su negocio de comercio justo.

La compañía que ha levantado junto a sus dos socios (Gonzalo Martín y Alejandro Pastrana) no es tecnológica, tampoco innovadora, pero sí un proyecto de transformación social: han establecido una estructura que les da para vivir y, a la vez, generar beneficios en las comunidades con las que trabajan. “No se trata simplemente de ofrecer complementos éticos que se producen de manera responsable. Nuestra actividad está generando un impacto positivo y un cambio en el sistema”. Y lo mejor es que estos tres emprendedores han demostrado que es posible. 

Pocas empresas desarrollan un modelo de negocio como el vuestro. ¿Es tan difícil generar una estructura donde ganen todos?
Es algo que parece muy sencillo, pero cuando entras en el mundo empresarial es difícil. Hemper nace para hacer cosas que nos divierten, experimentar nuestra creatividad y conseguir un impacto social en Nepal, un país que nos encanta. Queríamos llevar eso a nuestra forma de vida, pero ahora pretendemos que sea un modelo de empresa de referencia. Un proyecto en el que no solo prima la rentabilidad, sino que también contribuye a la comunidad y respeta el medioambiente. En el sistema en que vivimos, lo común es trabajar para llevar dinero a casa y, aparte, colaborar con una ONG. Nuestra visión es que se pueden hacer las dos cosas a la vez. Si todas las empresas económicamente saludables generasen riqueza social, todo estaría distribuido de manera más justa.

¿Nepal es la razón de ser de Hemper?
Mis socios, Álex y Gonzalo, volvieron de un voluntariado en Nepal y querían seguir vinculados a proyectos en el país. Yo estuve allí en 2013 y me interesaba la idea. Hemper nació como una herramienta para recaudar dinero que nos permitiese volver a Nepal y continuar con nuestra labor social.

¿Cómo se fraguó el negocio? 
A raíz de descubrir el cáñamo, un tejido tradicional del lugar. Empezamos a investigarlo y nos dimos cuenta de que teníamos algo entre manos muy potente a nivel textil y cultural.

Empezamos comprando mochilas fabricadas con este material —que era el producto que más nos gustaba y que mejor encajaba en el concepto del viaje—, para venderlas más tarde. Invertíamos en una ONG o en un colegio los dos o tres euros que ganábamos de una mochila. Pero nos dimos cuenta de que esta fórmula no tenía sentido. Estábamos trabajando con una comunidad de colectivos vulnerables y áreas rurales, pero dábamos el dinero a una escuela sin relación con ellos. Además, el dinero que recibían no lo aplicaban en un proyecto a largo plazo. Por ello, decidimos que todo el valor debía invertirse en la cadena de producción y repercutir en la gente que hacía el producto que vendíamos. Nosotros apostamos por Nepal, por el cáñamo y por nuestra cadena de producción. No obstante, de forma puntual organizamos iniciativas sociales con la comunidad.

¿De qué manera repercute socialmente la inversión en la cadena de producción?
Esa es la parte más complicada, porque solo llevamos tres años con la marca y en proyectos de cooperación los resultados se ven a los 15 años. Trabajamos directamente con emprendedores locales que pertenecen a colectivos vulnerables, como las mujeres o castas bajas —aunque hace diez años se prohibieron por ley, esas desigualdades todavía no se han extinguido por completo—. Nuestro objetivo es empoderar a la gente más desfavorecida para que puedan disponer de un taller y crear su propia empresa, y conseguir relacionarse así con personas de otros estratos sociales. Lo que de verdad va a transformar el sistema es que los jefes de la fábrica son personas que provienen también de su grupo.

El año pasado vuestra facturación fue de 400.000 €, este año esperáis llegar a los 600.000 € y las previsiones van en ascenso. Pero consumo y sostenibilidad son términos antagónicos, ¿cómo se consigue que la fórmula encaje?
Hemos creado una marca que invita al consumo, pero lo queremos hacer de manera sostenible. ¿Cómo se gestiona? La clave está en el tipo de crecimiento, hasta qué punto quieres crecer.

La sostenibilidad únicamente es posible volviendo al modelo que existía hace décadas. Recuerdo que mi madre solía decirme que a mi edad solo tenía un par de modelos para el fin de semana. Ahora, sin embargo, tenemos el armario lleno. Queremos volver un poco a eso. Además, buscamos trabajar como lo hace la alta moda, pero con un producto accesible y que se proyecte a largo plazo.

“Nuestro objetivo es empoderar a la gente más desfavorecida para que puedan disponer de un taller y crear su propia empresa”

Entonces, ¿queréis romper con la temporalidad de las colecciones?
Claro, estamos fabricando productos duraderos y atemporales. El problema principal es que el fast fashion ha impuesto un sistema que va más allá de las colecciones de verano y de invierno y que nos lleva a consumir de una forma voraz. Lo que pretendemos nosotros es diseñar con un concepto y transmitir un mensaje que genere emociones.

Vuestros envíos llegan a sus destinos envueltos en originales sacos de arroz, siguiendo una filosofía upclycling (aprovechar materiales reciclables para crear productos que tienen un mayor valor que el que tenía el material original. ¿Cómo se os ocurrió?
Recurríamos a cajas para enviar nuestro producto, pero queríamos hacerlo más sostenible. Como en nuestra entretela utilizábamos los sacos de arroz que se desechan en Nepal, se nos ocurrió convertirlos también en nuestro packaging. ¡Lo bueno es que luego puedes darle la vuelta y utilizarlo como bolsa!

Estáis a punto de abrir un punto de venta en el madrileño barrio de Malasaña, ¿cuál será su filosofía?
Queremos que sea una concept store, no una simple tienda de Hemper que lleve nuestro logo y venda nuestros productos. Buscamos una experiencia, que al entrar se viva Nepal.

Mochilas de cáñamo nepalí

Annapurna, Lhotse o Nuptse son montañas nepalíes y también algunos de los modelos de mochilas más célebres de Hemper, todas ellas con un patrón clásico y atemporal. Las suyas cuentan una historia, la del trotamundos que disfruta perdiéndose en rincones insólitos del planeta. Para que resistan el viaje, las fabrican en cáñamo y las forran con bolsas de arroz (que ayudan también a modelar la pieza). El cáñamo es una de las fibras menos contaminantes del planeta (se utilizan entre 200 y 500 litros de agua para producir 1kg de cáñamo seco, diez veces menos que para uno de algodón).  Otra buena noticia es que no necesita pesticidas porque no sufre plagas, además de ser la planta con mayor poder regeneración de O2.