Javier Salas

Con Salas sales bien, muy bien
09/08/2019 · Por Fruela Zubizarreta
JAVIER SALAS
Javier Salas: fotógrafo fotografiado. © Javier Salas

Es hora de reivindicar uno de los talentos fotográficos más consolidados de este país, probablemente uno de los mejores retratistas de la actualidad. Curtido en mil y una batallas, Javier Salas es la solución cuando lo que se busca es una portada llamada a perdurar. Discos, revistas de alto gramaje y suplementos de referencia lo saben. Porque, efectivamente, con Salas siempre sales bien.

Nos encontramos con Javier Salas (Santander, 1965) en Matute, una de las placitas con más encanto de Madrid, en el corazón del siempre efervescente barrio de Las Letras. Hoy no toca negociar el enfoque de la próxima sesión de fotos. Hoy toca darle el protagonismo debido a un artista brillante al calor de su exposición De purísima y oro, muestra dividida en dos partes y centrada en mujeres y hombres relevantes del mundo del flamenco, tanto por su cante como por su baile. La primera parte, la de mujeres como Rosalía, Estrella Morente o Carmen Linares, entre otras, pudo verse en la Iglesia de San Lorenzo de Úbeda y en el Ayuntamiento de Santander en el marco de PHotoESPAÑA 2019. La segunda, la de los hombres —Antonio Flores, Paco de Lucía…— se estrena el 31 de agosto, también en Úbeda, a iniciativa del Colectivo Peor para el Sol. Lo más granado y variopinto del flamenco mirando a cámara sin artificios.

¿Cómo nace la idea de esta exposición?
Me llamaron los amigos del colectivo cultural Peor para el Sol, de Úbeda, porque Joaquín Sabina les había hablado de mí y de unas fotos que yo le había hecho. Me reuní con ellos y sobre la marcha me propusieron esta exposición para presentarla en un sitio mágico, el convento restaurado de San Lorenzo del que me enamoré al instante. La primera idea se centró en las mujeres del flamenco, pero al año decidí ampliarla a los hombres, que es lo que ahora podrá verse en Úbeda a partir del 31 de agosto. Estoy encantado, la verdad.

Podrías compartirnos tres trucos hacer un gran retrato…
No los hay, no tengo trucos. Bueno, sí, quizá tengo un truco y es que la gente se sienta cómoda, lo más cómoda posible, en un ambiente tranquilo. Eso te obliga a concentrarte al máximo en tu protagonista.

El mundo se divide entre quienes disfrutan posando y quienes sufren ante un objetivo, ¿no?
Yo diría que en los primeros minutos todo el mundo se siente un poco incómodo ante un objetivo. Da igual que seas actor y arrastres mil sesiones de fotos. Y ese es mi cometido, ganarme a la gente. Los personajes públicos, la gente famosa, suelen ser personas inteligentes que captan al instante lo que tú estás buscando. Hay que conectar.

Estudiaste Medicina. ¿Cuándo te das cuenta de que quieres ser fotógrafo?
Muy al principio de la carrera, porque lo cierto es que Medicina me ponía los pelos de punta. Me fui desencantando poco a poco, de la docencia, del hospital, del papel de los médicos... La terminé por no contrariar a mis padres y por cerrar una etapa, pero yo ya tenía claro que lo que realmente me gustaba era la fotografía. Mi primera cámara fue una Pentax que me regalaron y que me duró muy poco. Al tiempo me compré una Rolleiflex de un objetivo y ya más tarde la de dos.

¿Y cuándo empiezas a profesionalizarte?
A los 17, más o menos. Empecé retratando a músicos, a bandas que conocía y me gustaban. Mi primer trabajo fue para un grupo que se llama Los Dorados y que siguen tocando. Es curioso recordar ahora que les tiré un carrete analógico de 24 fotos y cada disparo era completamente diferente al anterior. Eran otros tiempos. (Risas).

“Cuantos menos condicionantes tenga mejores fotos haré”

Tu nombre está muy asociado a las mejores revistas de estilo de vida y a los suplementos de referencia de este país. En general, ¿te has sentido libre para hacer lo que querías?
Las revistas de estilo de vida, de moda, te condicionan bastante por los anunciantes y las marcas. En los suplementos, como El País Semanal o el primer Tentaciones, te dan mucha más libertad. (Sobre la mesa nos observa la portada del último EPS, dedicada a la nueva música cubana, firmada por Salas). Si hay algo que he aprendido con el tiempo es que soy un retratista bastante puro y que cuantos menos condicionantes tenga mejores fotos haré. Mis mejores fotos, las más icónicas, no fueron encargos hechos por revistas de moda.

¿Cómo llevaste la transición de lo analógico a lo digital?
Muy mal, porque tardé muchísimo en encontrarme a gusto, no había feeling. De hecho, seguí mucho tiempo disparando en analógico y no retocaba. Hasta que me di cuenta de que había una gran diferencia entre mis trabajos y los de los otros fotógrafos y eso me estaba empezando a perjudicar. Fue complicado, pero se resolvió positivamente. El feeling volvió.

Siempre hay que pelear, ¿verdad?
Sí, pero hoy día todo cuesta mucho. La gente que maneja ahora las revistas o las discográficas son chavales que ni te conocen. A estas alturas tienes que estar demostrando que no eres un dinosaurio y que lo mismo puedes hacer a una rapera de 18 años que a María Dolores Pradera. Supongo que ser joven es, en parte, renegar de lo anterior. Los mejores fotógrafos del mundo ahora mismo rondan los 70 años. Es así.

¿Y qué hacemos con la moda imperante de la fotografía sucia, desenfocada? ¿Es feísmo provocado o falta de técnica?
Pues eso, es una moda que va y viene. El feísmo en fotografía no es nada nuevo, ahora ha vuelto por Instagram y las demás redes sociales. Me pasa últimamente que trabajo con artistas que me plantean ideas que directamente son pantallazos de Instagram.

Volviendo a De purísima y oro, ¿los flamencos ayudan a conseguir fotos más expresivas?
Totalmente. La palabra clave es “tronío”. No sabes qué ocurre ni por qué, pero cuando se ponen delante de una cámara son pura fuerza y energía. Todos ellos.

¿Cuál es el personaje que más ilusión te ha hecho retratar?
La verdad es que he vivido momentos irrepetibles con personas increíbles, llenas de talento, personas sabias. De quien siempre me acuerdo es de José Saramago y de los días que pasé con él y con su mujer, Pilar del Río. Estar con ellos y entender cómo piensan y cómo viven. Escuchar a este tipo de personas es una maravilla.

¿Y alguna mala experiencia con algún personaje?
No se me dan bien los humoristas. (Risas). Supongo que será porque no les apetece estar haciendo gracias todo el rato, pero lo que no sospechaba es la mala leche que pueden llegar a tener algunos.

Si tuviésemos varias vidas… ¿volverías a ser fotógrafo?
No tengo ni idea. De lo que sí estoy seguro es de que la enfocaría desde algún punto de vista creativo.