Tamara Rojo

Compromiso sobre puntas
08/10/2019 · Por Rosa Alvares
tamara rojo giselle
Tamara Rojo llega al Teatro Real con una revisión de ‘Giselle’, una de las obras maestras del ‘ballet blanche’. © Karolina Kuras

Tamara Rojo lleva casi media vida afincada en el Reino Unido; sin embargo, pasea por el mundo sus raíces españolas. Ahora, la directora artística del English National Ballet —y una de las bailarinas más reconocidas del planeta— regresa al Teatro Real de Madrid entre los días 10 y 12 de octubre para mostrar su versión del clásico 'Giselle': una apuesta coreográfica contemporánea y madura.

Cuando Tamara Rojo hizo la maleta rumbo al Reino Unido hace 22 años, probablemente no imaginaba que aquel país acabaría siendo su hogar. Tampoco que le daría la posibilidad de descubrir su segundo amor, la dirección artística, y mucho menos, que llegaría a asumir las riendas del English National Ballet, una institución respetadísima que ahora cumple 70 años. Ahora bien, que nadie piense que la bailarina olvida nuestro país. Porque, a pesar de haber nacido en Montreal, Canadá (1974) y llevar casi la mitad de su vida fuera de España, sus raíces españolas imprimen carácter.

Recorrer su trayectoria es hacerlo por éxitos y premios internacionales, que incluyen hitos como su etapa como bailarina principal de The Royal Ballet de Londres o haber sido nombrada Comendadora de la Orden del Imperio Británico y Príncipe de Asturias de las Artes. Hoy, lucha desde su puesto de directora artística del English National Ballet para atraer nuevos públicos a la danza y dar voz sobre la escena a quienes no la tienen. Eso sí, reservando un espacio para bailar: como hace en una versión muy contemporánea y madura de Giselle, firmada por el coreógrafo Akram Khan, y que podremos disfrutar en las cuatro funciones que dará su compañía en el Teatro Real de Madrid.

Vuelves al escenario del Teatro Real de Madrid después de trece años de ausencia. ¿Cómo vives este regreso?
Para mí volver a Madrid es siempre muy especial, y al Real, más. Es mi ciudad porque, aunque yo naciera en Canadá —país donde vivían mis padres entonces—, es el lugar donde crecí. Conservo de aquí muy buenos recuerdos y muchas alegrías.

Además de ser la directora artística de esta Giselle, estarás en dos de los pases sobre el escenario. Ahora que bailas menos, ¿qué supone para ti estar en las tablas?
Bailar es mi primer amor; dirigir, el segundo. Tener la oportunidad de sentir lo que se experimenta en el escenario lo vivo como un gran privilegio. En este momento de mi carrera cada actuación es un regalo. Como bailarina ya lo hice todo: llegué a los escenarios más importantes del mundo, compartí escena con los más grandes artistas, trabajé con espléndidas compañías… Confieso que estoy totalmente satisfecha con esa etapa. Hay papeles del canon clásico que ya no bailo; sin embargo, en esta ocasión, el coreógrafo Akram Khan creó su Giselle pensando en mí, así que es especial, y por eso la interpreto a menudo. Se trata de una Giselle muy diferente a otras, muy contemporánea, más madura… Creo que aún tengo cosas que aportar al personaje.

Llevas casi 22 años en Inglaterra, siete de ellos al frente del English National Ballet. Pero te sigues sintiendo española, y el público español así te siente a ti. De hecho, siempre tenemos la esperanza de que regreses.
Estoy cerca de haber pasado el mismo tiempo en el Reino Unido que en España. Y la verdad es que no sé si volveré. Tengo la suerte de que la danza es un arte global que se puede hacer en cualquier parte del planeta. Yo siempre me he sentido un poco ciudadana del mundo: nací en Canadá, crecí en España, parte de mi familia emigró por distintos países e íbamos a visitarlos… Me siento una global citizen. Creo que viajar, trabajar en otros países y conocer otras gentes te convierten en una persona más completa. Hace que nos comprendamos mejor. Pero mi cultura es española, mis valores familiares y personales son de España. Eso siempre será así.

“Viajar, trabajar en otros países y conocer otras gentes te convierten en una persona más completa. Hace que nos comprendamos mejor. Pero mi cultura es española, mis valores familiares y personales son de España”

En todos estos años, supongo que tu concepto de danza ha evolucionado.
Una de las partes más importantes de mi visión como directora artística es llevar la danza a un público que, tal vez, no haya considerado que las artes escénicas son para ellos. Admiro y respeto la tradición del ballet clásico, pero al mismo tiempo, creo que hay un gran sector de la sociedad que no se siente identificado con las historias o con la forma en la que el ballet clásico las cuenta. He tratado de introducir trabajos que se acercan a ese público que, a lo mejor, no se siente atraído por la música clásica, o de una etnia diferente, a través de la forma en que planteamos cada montaje, con la gente con la que colaboramos, con los teatros a los que vamos.

Hay algo de labor social. ¿Me equivoco?
Sí. Creo que la danza es una gran arma de movilidad social. Las artes siempre han necesitado a personas de todas las clases sociales: puede que no quieras ser bailarín, pero quizá te fascine hacer vestuario para un espectáculo, o trabajar entre bambalinas, o ayudar con la ingeniería de las producciones… Pero para eso tengo que poder acercar estas obras a un público que, tal vez, ni siquiera considera la posibilidad de acudir al teatro.

La danza, además de emocionar, transmite ideas capaces de cambiar el mundo.
Incluso más que el teatro (por mucho que lo respete), porque no tenemos la barrera del lenguaje. Ahora vamos a abrir las puertas de la compañía para que la primera generación de hijos de inmigrantes en Inglaterra vea nuestros ensayos. Y la palabra no será una barrera. Por eso la Giselle de Akram está viajando por todo el mundo, porque la danza es un arte global.

También estás muy implicada en que las mujeres coreógrafas ocupen los puestos que merecen. ¿Este es otro de los retos que la danza actual debe asumir?
Cuando hace siete años entré en la compañía, puse de manifiesto que yo nunca había bailado ninguna coreografía creada por una mujer. Eso no me parecía normal ni justificable. Así que, ahora conmigo al frente de la toma de decisiones, tenía que hacer algo por evitarlo y perseguir que, al menos, haya una igualdad de posibilidades. ¡Más siendo femenino el público mayoritario de la danza! Es cierto que las coreógrafas existen, pero las grandes compañías no les dan oportunidades, no toman el riesgo de incluirlas en sus programas. Nosotros, en los últimos siete años, hemos estrenado más de cuarenta trabajos de mujeres.

¿Puedes adelantarnos qué harás en los próximos meses? Cuatro funciones en el Teatro Real nos saben a poco.
Si tuviéramos todo el tiempo del mundo, estaríamos en continua gira con Giselle. Pero hay otras muchas cosas que queremos hacer: como llevar Cenicienta por varias regiones de Inglaterra; ir a Londres con El Cascanueces; presentar El Corsario, un clásico versionado por una mujer; celebrar el 70 aniversario de la compañía con una programación especial; estrenar una nueva creación de Akram, Creature, y llevar Giselle a México, París y Barcelona. Pero para eso habrá que esperar, porque no será hasta que llegue la primavera.