Mastodonte

La reinvención musical de Asier Etxeandia
29/08/2019 · Por Fruela Zubizarreta
FOTOGRAFÍA ASIER ETXEANDIA Y ENRICO BÁRBARO
Asier Etxeandia y Enrico Bárbaro integran Mastodonte, uno de los grupos musicales experimentales más interesantes del panorama español. © Mario G. Sánchez

El barco de Asier Etxeandia surca el mar a toda vela impulsado por un agradable viento extra, cortesía de Pedro Almodóvar. En septiembre estrena y protagoniza 'Sordo', adaptación al cine del aplaudido cómic de David Muñoz y Rayco Pulido, y continúa de gira presentando las nuevas canciones de Mastodonte, dupla musical donde comparte protagonismo con el multiinstrumentista Enrico Bárbaro (Nápoles, 1969).

Un cómic. Esta historia comienza con un cómic publicado en 2008. Obra de David Muñoz —guionista de tebeos para mayores, series y películas (como El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro, sin ir muy lejos)— y el ilustrador Rayco Pulido —Premio Nacional del Cómic 2017—. Sordo es la historia de Anselmo, un maqui en la España de posguerra de 1942 que se echa al monte y que, intentando volar un puente, pierde los dos oídos al alcanzarle la detonación. Privado de este sentido y limitada su capacidad para entender el mundo, el protagonista da rienda suelta a su parte más animal. Huir, cazar, guarecerse y, en definitiva, sobrevivir pasan a ser sus prioridades.

Como tantas veces antes, el cómic ha acabado encontrando su versión cinematográfica gracias al particular empeño del cineasta emergente Alfonso Cortés-Cavanillas. Dando vida a Anselmo encontramos a Asier Etxeandia (Bilbao, 1975) en estado de gracia. Nos citamos con él y su compañero de batallas sonora, Bárbaro, en un receso de la gira Transfiguración de Mastodonte para hablar de música, pasión y talento. Y, claro, cine.

Además de protagonizar Sordo, has compuesto con tu proyecto Mastodonte la canción que se escucha en los títulos de crédito. ¿Contento?
Asier Etxeandia: Mucho. La canción se titula Simplemente perfecto y encaja de maravilla. Es otra forma de llegar a la gente. Todo suma.

¿Cómo llegó a ti el personaje de Anselmo?
Asier Etxeandia: Lo cierto es que formo parte de este proyecto desde que a Alfonso Cortés-Cavanillas se le ocurrió adaptar el cómic y llevar la historia al cine. Si Alfonso no fuese mi amigo este papel no habría llegado a mí nunca, así que puedo decir que he tenido mucha suerte. Mi nivel de implicación ha sido brutal.

Sordo está más cerca del cine de acción de Tarantino que cualquier otra película española. ¿Ha sido un rodaje difícil?
Asier Etxeandia: Ha sido realmente duro y tengo que confesar que llegué a pasarlo fatal. No sé cómo, pero este papel llegó a generar en mí un pánico atroz, lo cual fue proverbial porque es el mismo estado de ánimo que domina a Anselmo, así que me dejé atravesar por ese miedo. El personaje de Anselmo es uno de los más importantes de mi carrera y del que más he aprendido. Sordo es muchas cosas a la vez y todas buenas: es cine clásico, bélico, épico, ultraveloz y, sobre todo, cine de personajes y emociones.

¿Cómo ha sido el rodaje?
Asier Etxeandia: El rodaje fue una auténtica batalla durante dos meses de otoño, con mucho frío y muchas noches a la intemperie. Ha sido duro de verdad.

¿Qué hacen un bilbaíno y un napolitano montando un grupo de música en Madrid?
Asier Etxeandia: Nos conocimos en El Intérprete, mi anterior espectáculo, en el que estuvimos trabajando cinco años. Enrico era el bajista y a mí él siempre me transmitía mucha paz y seguridad. Su energía, silenciosa y elegante, hace que me sienta protegido. Pero, sobre todo, compartimos infinidad de gustos musicales y referencias. Mastodonte nació, como quien no quiere la cosa, durante las pruebas de sonido. Descubrimos que teníamos la habilidad de crear cosas nuevas juntos.

Enrico, ¿cómo acabaste en España?
Enrico Bárbaro:
Mi amigo Pino Rovereto, que es batería, me propuso trabajar una temporada en algunos musicales de Madrid y aquí me he quedado.

Vuestro primer álbum, que se titula como el grupo, es un ejercicio experimental que oscila entre la electrónica ecléctica, el pop y el rock épico. ¿Qué buscabais?
Asier Etxeandia: Este disco nos ha llevado dos años. Prácticamente, nos fuimos a vivir juntos. La idea era que el resultado fuese la suma de nuestras personalidades.
Enrico Bárbaro: A los dos nos gustan los álbumes conceptuales, pero con un sonido potente que nos hizo sufrir bastante hasta que dimos con él. Nos perdimos y nos volvimos a encontrar varias veces. Así fuimos avanzando. Y de ahí salió lo de Mastodonte, porque por momentos el proyecto se convirtió en un monstruo que nos devoraba.

¿Qué queréis reivindicar?
Asier Etxeandia: Nuestra principal identidad es, precisamente, el cambiar de identidad. Creo que ese es el futuro de todo. Pasamos de las tribus, no nos interesan, reducen los vértices y la personalidad. Nuestro trabajo recorre un montón de estilos, por eso a la gente le cuesta tanto clasificarnos. Sabemos que es un disco difícil de entender, que implica un esfuerzo, pero quien lo escucha, quien se esfuerza, acaba entendiendo perfectamente el viaje que planteamos.

¿El actor ayuda al cantante?
Enrico Bárbaro: Asier es un artista completo que se siente bien en muchas disciplinas del arte. Tiene una manera muy propia de escribir las letras, sabe cantar y moverse como nadie. En directo el protagonismo es suyo.
Asier Etxeandia: El disco contiene jeroglíficos, pequeños secretos, que se explican en los directos. Nos gusta que la gente baile, salte y se emocione. Esa es la idea.

¿El directo es una necesidad vital?
Asier Etxeandia: Sí, es lo más importante para nosotros. Un artista que no es generoso, que no se entrega, no sirve para nada. Yo utilizo la energía del público para acabar devolviéndole el triple. Al final todo se convierte en una especie de ceremonia espiritual, en un gran ritual de amor.

¿Contento de ser, por fin, un chico Almodóvar con todas las de la ley?
Asier Etxeandia: No sé si sabes que esta es mi segunda película con Pedro. La primera fue Los abrazos rotos, en la que tenía un papelito. Pero días antes del estreno me llamaron de El Deseo para explicarme que mi escena había sido eliminada del montaje, y no porque yo no estuviera maravilloso (risas), sino porque la acción quedaba explicada en otro momento de la película. La verdad es que ahora con Dolor y gloria he notado una visibilidad mucho mayor como, por ejemplo, cuando fuimos a Cannes a presentarla. Fue brutal. Lo más emocionante de esta historia es que cuando trabajas para Almodóvar sabes que estás en manos de un cineasta único, alguien que va a pasar a la historia.